mayo 30, 2024

En Perú, un país que ha tenido 11 jefes de Estado en los últimos 24 años, aquellos que han reprendido al grupo presidencial apenas han ganado fuerza en las conversaciones. Dina Boluarte, la primera presidenta del país andino, no es la excepción; de hecho, mucho más, la personificación de esta premisa: la popularidad del presidente se encuentra en el punto más bajo de su mandato, que comenzó con una investidura magistral y poca credibilidad. El abad cumplió el sábado 500 días en el poder y fue sustituido, en diciembre de 2022 y tras la sucesión presidencial, por Pedro Castillo. Y las encuestas más recientes, de este mes, no son ningún homenaje a Boluarte: sólo el 7% de los peruanos revisó su gestión, según Datum Internacional. No sólo es la cifra más baja para el agente, recogida de nuevos casos de cada 10 peruanos (88%), sino que supone la caída más profunda en dos décadas para un agente en el Perú. Ningún mandato peruano ha sido muy impopular desde la presidencia de Alejandro Toledo (2001-2006). Y entonces sí, en ese momento Toledo enfureció la lucha contra la dictadura de los noventa y encarnó la reivindicación del mundo andino. Aspectos capitalizados y que se reflejan en una aprobación del 60% que se desató posteriormente por promesas incumplidas y diversos escándalos de corrupción.

Por su parte, Boluarte nunca ha representado ninguna esperanza de cambio. Acudió a Palacio de Gobierno arrepentido, sin elecciones, tras el fallido autogolpe de Castillo. Y pensé que sería un ejecutivo de transición, pero no es así. Además, ante la resistencia de Boluarte a la convocatoria de elecciones, se produjo una crisis social que duró meses. El máximo de edad presidencial que consiguió la presidencia fue del 20%, durante el primer trimestre de 2023. Desde entonces, se encuentra en plena libertad. Además, durante poco más de un mes, la presidenta Boluarte también fue interrogada sobre una colección de relojes y joyas de alta gama que posaba y sobre aquellos que tenían distintas versiones. Su falta de claridad no ha hecho más que aumentar las sospechas de un presunto enriquecimiento ilícito por lo que investiga la Fiscalía. Ni con tres mensajes a la nación dedicados a los supuestos, la apurimeña podría conformarse del embrollo.

Fotografías de personas que murieron en protestas contra el gobierno de Boluarte en 2023 cerca de un puente, en Juliaca, Perú, el 9 de enero de 2024.Aldair Mejía (AP)

A partir de su impopularidad, el analista político Gianfranco Vigo hace una comparación entre Boluarte y Toledo: “Ambos presentan un gran problema de credibilidad. Además de la ocasión, el expresidente Toledo lo llamó mitómano por no reconocer a su hija [la politóloga Zaraí Toledo]negar tus sobrinos [vinculados a actos de corrupción] e inventar historias extrañas [denunció haber sido secuestrado y drogado para ser llevado a una orgía]. El presidente Boluarte también está respondiendo a la opinión pública como un mentor, hasta el punto de que las respuestas que han dado al escándalo de Rolex son poco probables». Desde la perspectiva de Vigo, otro aspecto que ha erosionado su mandato es su capacidad de escapar para estimular políticas públicas efectivas. “La gente de este gobierno es incompetente y está en piloto automático”, añade.

Entonces ¿qué dice una presidenta rechazada de la ciudad? Boluarte ya superó los 497 días que Castillo permaneció en Palacio. Y gracias a un análisis del diario. el comercio, la abogada no ha sido mucho mejor que el sindicato principal: sólo ha implementado 45 proyectos de ley relevantes frente a los 91 de Castillo. Hasta el final del día hay 52 ministros, una cifra enorme que genera sensación de inestabilidad. El Congreso, sin embargo, no se comportó de la misma manera con ambos. En Castillo censuraron a cuatro ministros; en Boluarte, sólo uno. Además, la Cámara tomó la iniciativa de sumarse a las elecciones en tres ocasiones. Hace unas semanas, también revocó dos mociones de vacaciones contra Boluarte, promovido por las consecuencias de Rolexgate y la opacidad de su patrimonio.

El primer ministro de Perú, Gustavo Adrianzen, emite un voto de confianza en el Congreso en Lima, Perú, el 3 de abril de 2024. Martín Mejía (AP)

“Boluarte es la tribuna de una coalición autoritaria compuesta por partidos políticos de distintas tendencias -que buscan implementar todos los cambios legislativos posibles que les permitan garantizar el triunfo electoral en el futuro- y grupos de poder económico, interesados ​​en expoliar todas las evidencias posibles de el Ejecutivo”, explica la politóloga Paula Távara sobre el origen de la seguridad al presidente. “No se trata del interés de apoyar al Gobierno como tal, hasta que se busque la oportunidad de cooptar al Estado. El único apoyo que le interesa a Boluarte son los grupos políticos que la apoyan y garantizan su impunidad, no la ciudadanía”, añade.

De las palabras de Távara se puede inferir que se trata de un pacto entre el Ejecutivo y el Legislativo para sobrevivir hasta 2026. A pesar de no tener que contar con un banco ―el presidente fue elegido bajo las siglas del partido de Izquierda Perú Libre―; Boluarte cuenta con el apoyo de los grupos políticos con más representantes en el Parlamento: el fujimorista y ultraconservador Fuerza Popular y Renovación Popular (de extrema derecha). El Apoyo de Fuerza Popular, liderado por Keiko Fujimori, hija del dictador, es la llave del Ejecutivo. Así terminó la defensa del ministro de Justicia, Eduardo Arana, y la expulsión del dictador Alberto Fujimori, llevada a cabo en diciembre pasado. Esta semana, Arana respondió, en nombre del Gobierno, a la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que había mostrado su oposición a la liberación del autócrata. Así, sugiero que de ahora en adelante el Ejecutivo «pegaron a los principios de legalidad y justicia» para respetar la decisión del Tribunal Constitucional de Perú, que defiende la excarcelación, pese a esta contravenía al Tribunal IDH. “Desde el Gobierno promovemos el respeto mutuo entre la soberanía y jurisdicción de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, instituyendo la consideración respetuosa de las decisiones judiciales internas y judiciales del Estado peruano”, llamó Arana.

En uno de sus actos públicos más recientes, en un hospital de Lima, Dina Boluarte recibió uno de sus más sonoros abucheos. La respuesta no fue conciliadora: “Estas agallas contra la patria no las podemos sostener nosotros. No hay espacio para el odio, no hay espacio para la mediocridad”. Tras la estela de Alberto Otárola, ex primer ministro y principal pararrayo del presidente, este no es un tipo nuevo de gran calibre y, mucho menos, que pueda defenderse. Además, los colectivos que representan a las familias de los Asesini y a las víctimas de la violencia política de los primeros meses de su mandato han anunciado una movilización nacional para el 1 de mayo en Lima. Parece que hay nuevas tensiones para Boluarte.

El expresidente Alberto Fujimori saluda a familiares liberados de la prisión de Barbadillo, en Lima, Perú, el 6 de diciembre de 2023. Keiko Fujimori

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