febrero 27, 2024

El Gobierno ruso asegura que no contempla una nueva movilización para la enquistada invasión de Ucrania, pero al mismo tiempo allana el terreno para engordar las filas del ejército. El Ministerio de Defensa ruso quiere tener a su disposición al mayor número de civiles posible y desde finales del próximo año excluirá como motivo para evitar un reclutamiento “aquellas enfermedades que no tienen un impacto significativo en la capacidad militar” de la persona llamada a filas. No se concretan cuáles. En línea con el mismo objetivo, el presidente Vladímir Putin ha decretado un aumento del personal teórico de las Fuerzas Armadas —unas cifras que no necesariamente se corresponden con las efectivas con las que cuenta el ejército— hasta los 2,2 millones de miembros.

Las bajas y el cansancio se acumulan en el frente y Rusia necesitará más hombres si la guerra se alarga, como prevé el Kremlin, que alerta de un aumento de las “amenazas contra Rusia” vinculadas a la “operación militar especial [nombre oficial de la invasión de Ucrania] y la expansión en curso de la OTAN”. Moscú asevera que los objetivos iniciales de la guerra no han cambiado.

“La operación militar especial seguirá. Nuestra economía se ha adaptado y proporciona el marco necesario para su continuación”, ha advertido este lunes el portavoz de Putin, Dmitri Peskov, tras incidir en que el Kremlin aguarda a que Occidente abandone a Kiev a su suerte. “Está claro que les es cada vez más difícil gastar dinero en el barril ucranio sin fondo”, ha manifestado el alto cargo.

Un tercio del presupuesto ruso está destinado al gasto militar (un 40% si se añaden otros capítulos de seguridad) y Moscú no se contenta con el territorio ucranio que ha ocupado hasta ahora. “No vemos ninguna razón por la que deban revisarse nuestros objetivos”, respondió el pasado viernes el ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov, al ser preguntado durante la última cumbre de la OSCE (Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa) sobre el escaso movimiento en las líneas del frente.

Según el Ministerio de Defensa británico, las fuerzas rusas están sufriendo estos dos últimos meses en su ofensiva sobre Avdiivka (en el este de Ucrania) un desgaste parecido o mayor al de la batalla de Bajmut a principios de año. Pese a ello, el Kremlin asegura tener todo bajo control. El vicepresidente del Consejo de Seguridad ruso y antiguo presidente del país, Dmitri Medvédev, dijo este fin de semana que el ejército ha contratado a más de 452.000 personas este año. No concretó si esa cifra incluye la integración desde julio de los mercenarios y voluntarios de grupos como Wagner, ordenada por el Ministerio de Defensa.

Los motivos de salud estuvieron entre las principales alegaciones de los jóvenes rusos que intentaron evitar la primera gran movilización en septiembre de 2022, cuando más de 300.000 civiles fueron llamados a filas. El Ministerio de Defensa señala ahora en su borrador de decreto que ha tomado nota “de la experiencia recogida” en Ucrania. Aquel reclutamiento fue caótico y hubo miles de denuncias de los movilizados. Aunque Putin y el ministro de Defensa, Serguéi Shoigú, afirmaron que solo serían llamados aquellos con experiencia militar que formaban parte de la reserva, el decreto de movilización no lo especificaba y hubo casos en los centros de reclutamiento en los que se intentó obligar a servir en Ucrania a civiles que contaban con un certificado médico que debía eximirles.

Únete a EL PAÍS para seguir toda la actualidad y leer sin límites.

Suscríbete

Propuesta de ampliar la mili

La reducción de la lista de enfermedades que eximen del reclutamiento no solo facilitará la movilización de civiles, sino que también se extenderá a la contratación de militares profesionales y a los llamamientos anuales de jóvenes para cumplir el servicio militar obligatorio. De hecho, algunos legisladores rusos han puesto sobre la mesa la ampliación de la mili hasta los dos años para contar con más tropas disponibles. Andréi Guruliov, diputado, teniente general y miembro del comité de Defensa de la Duma Estatal, ha propuesto además suprimir centros de estudios para favorecer la entrada de los rusos en las Fuerzas Armadas, ya que estar en proceso de formación sirve para aplazar el servicio militar obligatorio.

Putin también prepara un ejército que pueda enfrentarse a la OTAN a medio plazo. El Kremlin cambió el pasado viernes por decreto la cifra máxima de los integrantes en las Fuerzas Armadas y lo elevó hasta los 2,2 millones de miembros, 1,3 millones de ellos posibles combatientes. No es la primera vez que Rusia modifica este tope: ya lo hizo el mandatario en 2000 y 2010 al reformar la desmesurada estructura militar heredada de la URSS, y lo volvió a hacer en agosto de 2022, al aumentar el límite en 130.000 militares seis meses después de comenzar la invasión de Ucrania, tras ver que se alargaría.

El Ministerio de Defensa ha explicado en un comunicado que la revisión de la dimensión teórica de las Fuerzas Armadas “se debe al aumento de las amenazas contra Rusia vinculadas a la operación militar especial y la expansión en curso de la OTAN”. Al desgaste sufrido en los campos de batalla de Ucrania se suman la incorporación a la Alianza de Finlandia y sus más de 1.300 kilómetros de frontera con Rusia en abril de este año, y la futura adhesión de Suecia, aún pendiente de la aprobación definitiva por parte de Turquía y Hungría.

Más redadas de la policía

Otro indicio de una posible movilización a corto plazo es que la policía rusa ha intensificado en los últimos meses las redadas en mezquitas, mercados y fábricas para captar potenciales reclutas entre los inmigrantes que tienen la doble nacionalidad. El objetivo son aquellos procedentes de las antiguas repúblicas soviéticas de Asia central, que forman la mayoría de la comunidad migrante en Rusia. Tras recibir la nacionalidad, algunos de ellos no formalizaron otro documento obligatorio, el llamado billete militar, un registro con el que el Ministerio de Defensa tiene a mano el perfil de los posibles reclutas.

En agosto pasado, más de un centenar de trabajadores de un mercadillo de verduras de San Petersburgo fueron detenidos y llevados a un centro de alistamiento para cumplimentar este trámite. “Para aprovechar esta oportunidad de educar más a los rusos”, decía la policía en su comunicado sobre los inmigrantes, “la ciudadanía no solo otorga derechos, sino también responsabilidades, incluida la obligación constitucional de hacer el servicio militar”.

Este tipo de registros se han sucedido estas últimas semanas en una de las mayores empresas de logística del país, Wildberries, una alternativa a Amazon en Rusia. Este pasado fin de semana tuvo lugar el último en un almacén de la región de Tula, al sur de Moscú, donde una decena de empleados fueron detenidos “para una verificación rutinaria de documentos como parte del reclutamiento militar”, adujo la empresa para quitarle hierro. A finales de noviembre, Wildberries vio cómo sus más de 8.000 empleados interrumpieron el trabajo unas horas tras conocerse la primera redada, en la que más de 40 trabajadores fueron llevados del dormitorio comunal en el que vivían al centro de reclutamiento.

Otro caso sonado tuvo lugar el pasado octubre, cuando Mamut Useinov, estrella de un conocido concurso televisivo de cantantes, fue apresado en una mezquita de Moscú. Según su versión, junto a otros fue subido en un autobús y retenido durante horas en un centro de reclutamiento. “Me llevaron a la fuerza, mis documentos fueron confiscados ilegalmente y no tuve la oportunidad de apelar ni informar sobre mis enfermedades y creencias”, lamentaba en su cuenta personal de Instagram. “Nos dijeron que debíamos firmar un contrato por un año o iríamos a prisión”, agregó Useinov. Según su relato, varios de los arrestados aceptaron entrar en el ejército.

Sigue toda la información internacional en Facebook y X, o en nuestra newsletter semanal.

Suscríbete para seguir leyendo

Lee sin límites

_