abril 21, 2024

Es posible que Alba Renai, la nueva presentadora virtual de Mediaset, sea más carismática y tenga una vida más interesante que muchas presentadoras con cuero y tripas. Es probable que Renai también sea más humana que muchos humanos. Desde entonces, ha conocido a una persona más robótica y desarmada.

Siri o Alexa ya han planteado en su programación bastante más sentido del humor e ironía que algunos profesores y jefes han sufrido en mi vida, así que no me molesta que Alba Renai dé el pego y haya quien quiera echársela de amiga o de novia . Así como confío más en el talento de los ingenieros informáticos que en los programadores de televisión, deseo un futuro prometedor a las nuevas inteligencias artificiales que vienen a copar a presentadores y actores. ¿Cómo no hacerlo bien si no pueden, no tienen días malos, nunca se distraen pensando en el suspenso de sus parejas, no se divorcian o no tienen ansiedad?

El futuro no me hace ascender, sólo entra en mí, porque odio la perfección. De mis escritores favoritos disfruto de sus obsesiones, sus reiteraciones, sus etiquetas y esas pequeñas cosas que no puedes evitar ver. Me enamoro de lo inarmónico y de lo que rompe la simetría: una fosa nasal torcida, un defecto, el gesto de sufrir unas gafas, un tic apenas perceptible que revela una timidez que no se puede superar. Eso es lo que.

Es difícil que una inteligencia artificial improvise chistes malos como los de Matías Prats o que diga la salvada de un Mercedes Milá o si se queda en blanco en mitad de una entrada y se relaja, como Beatriz Pérez en el informativo de TVE, que una Fórmula El conductor 1 dice “como un… ¡como un pepino!”. Parece poco probable que en Alba Renai haya programas para cometer errores y explorar la espontaneidad.

A Hannibal Smith, del Equipo A, le encantaba que los aviones subieran bien, pero a los espectadores les gustaba que subieran. Los mejores momentos de la televisión son planos generales, de los guionistas. millennialistas y vine a hablar de su libro hasta la última micro apertura del traicionero que registra una alegría por parte del presentador. La IA planta una utopía perfeccionista, y cuando aparecemos sabemos que nos divertiremos con algo que la informática no puede ofrecer, será demasiado tarde. No existen profesionales capaces de servirnos una buena chapuza de las antiguas.

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